Vocación hacia la ciencia: una responsabilidad del contexto familiar y educativo

(Nota: Este artículo fue publicado en IBERCIENCIA OEI  en http://www.oei.es/divulgacioncientifica/?Vocacion-hacia-la-ciencia-una )

El hecho de que tengamos vocación a la ciencia y las letras depende tanto del contexto familiar como del contexto educativo.  No se puede desconocer que los padres, así no sean científicos, pueden generar una vocación y amor a la ciencia y a las letras.  Es el caso de Carl Sagan, científico y escritor estadounidense, nacido en el seno de una familia común y corriente: la madre se encargaba de los oficios del hogar y el padre trabajaba como cortador en la industria de la confección.

Las condiciones académicas, si nos referimos a la formación de los padres, no eran las óptimas para generar un amante de la ciencia y las letras,  pero si tuvo ese toque mágico por parte de su padre al decirle que “no había un número más grande” y luego ayudarle a escribir las series de números en los cartones de las camisas que traían de la lavandería, en donde Carl Sagan las continuaba en busca del número más grande (Sagan, 1995).  También,  a pesar de las dificultades económicas, los padres se las ingeniaban para llevarlo a visitar las ferias de la ciencia  y, así  mismo, para pagar los gastos de su educación elemental y universitaria.

En este y otros casos de personalidades que han brillado en las ciencias y las letras, como lo afirma el educador Ken Robinson en el artículo de Elisa Silió “la buena escuela no asfixia la creatividad”, las condiciones fueron favorables y precisas para que se adquieran el conocimiento relevante y las habilidades necesarias para ser exitosos (Silió, 2013). De la misma manera, volviendo al caso de Carl Sagan, ingresó a un ambiento académico, en especial, en la universidad, en donde los profesores alimentaron y promovieron su vocación, porque además de saber ciencia, estos sabían explicarla (Sagan, 1995).

Pero ¿qué debe hacer la escuela para que un estudiante desarrolle el amor por la ciencia y las letras?  Considero que conocer muy a fondo el funcionamiento del cerebro. Así, desde la planeación curricular, se pueden  establecer qué actividades se requieren para desarrollar tanto el hemisferio izquierdo como el derecho (Silió, 2013) y con ello, poner en funcionamiento la memoria de procedimientos y la memoria declarativa (Stekolschik, 2012).

Es decir, generar actividades de razonamiento lógico y argumentativo, espacios en donde pueda expresarse de manera oral y escrita, pero argumentada; también, permitirles que exploren y experimenten en laboratorios; que desarrollen su cuerpo mediante el deporte, su creatividad mediante el arte; que  tengan el derecho a soñar y a la utopía. Finalmente, momentos en donde pueda inestabilizar su memoria a partir de cambios inesperados de lo aprendido o de un espacio conocido (Stekolschik, 2012).

Se preguntarán ¿qué hace que esto no de sé en la actualidad?  La respuesta para el caso del contexto familiar, es el abandono del cuidado y formación de los hijos, por parte de los padres. Ya no se tiene tiempo para apoyarlos e incluso escucharlos en el momento de sus dudas, como lo hacía el padre de Carl Sagan, ni mucho menos para llevarlos a visitar una biblioteca o un museo. Por el contrario, hay muchas excusas: la situación lo impide, debo trabajar, estamos en otra época, etc.  Lo anterior, permite que el niño crezca sin motivación, sin espíritu de sacrificio y dedicación, bases intrínsecas que se requieren para  buscar el conocimiento.

En cuanto al contexto educativo, se debe a que la formación de la mayoría de los directivos educativos y de algunos docentes está orientada a lo operativo: cumplir normas, seguir planes y realizar controles; pero no se generan espacios de estudio y reflexión del cerebro para orientar el currículo a su desarrollo integral. De ahí que podemos observar instituciones que se solo se dedican a actividades para el hemisferio izquierdo. Otras, para el derecho y la mayoría hacen una mezcla no equilibrada de actividades para ambos.

Pero, ¿cuál es el resultado de todo lo anterior?

En primer lugar, se genera apatía por parte del individuo hacia el conocimiento y a la búsqueda de la información.  En segundo lugar, hace que se amplíe la brecha entre ciencia y sociedad.  En tercer lugar, que siga el divorcio entre la ciencia y las letras, en cuanto a que a la persona que tuvo una formación dirigida a las letras no se interesa por temas de la ciencia, como si ocurre con la mayoría de los formados en ciencia que si disfrutan de la literatura (Frabetti, 2013). Y finalmente, que sigamos forjando el camino a la destrucción de nuestro planeta y, por ende, la nuestra.

Javier Herrera Cardozo. Bogotá, Colombia Javierherrera63@gmail.com

Referencias

Frabetti, C. ( 2013). Ciencia y letras: un divorcio infeliz. Centro de Altos Estudios   Universitarios. 1MMG189. OEI.

Sagan, C. (1995).  El mundo y sus demonios.  España: Planeta.

Silió, E. (2013). La buena escuela no asfixia la creatividad. Centro de Altos Estudios Universitarios. 7MMG185. OEI.

Stekolschik,G. (2012). Asalto a la memoria. Centro de Altos Estudios Universitarios. 1ACH117. OEI.

 

 

 

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Una buena lectura pone a funcionar el cerebro

Está comprobado que la buena lectura, en especial la literatura, estimula el cerebro.  Al  hablar de literatura me refiero a los escritos en donde  el autor hace que el lector infiera, reflexione, ponga a volar su imaginación y visualice cosas o mundos que no están en su realidad actual.  Contrario a las obras en donde el escritor le dice todo al lector, casi como una manipulación, esta alta literatura  como  la denominan los  científicos de Nueva Escuela de Investigación Social en Nueva York, en  la investigación publicada en  la revista Science  18  de octubre de 2013,    “obliga a expandir nuestro conocimiento de las vidas de otros, y a percibir el mundo desde varios puntos de vista simultáneos”.

Los autores  David Comer Kidd y Emanuele Castano realizaron cinco experimentos de la Teoría de la Mente (TM)  en cuanto a lo afectivo, lo cognitivo en comparación con la lectura no ficción, la ficción popular, o nada en absoluto.   A partir de ellos,  concluyeron que la TM  “puede estar influida por el compromiso con las obras de arte”, en particular, la ficción literaria.  De ahí que, para el caso de la lectura,  existen obras que exigen un esfuerzo intelectual, estimulan procesos de pensamiento  y generan un pensamiento creativo. Así mismo, existen también las   que solo brindan distracción, falsas expectativas, promueven la aquiescencia,  pero no activan de manera óptima la corteza cerebral.

Javier Herrera Cardozo. Febrero 2014