Ahogar la ignorancia con abundancia de conocimientos

Ahogar la ignorancia con abundancia de conocimientos

(Nota: Este artículo fue publicado en IBERCIENCIA OEI con algunos errores que no fueron posibles de corregir. Esta es una versión corregida)

13 de octubre de 2014

Javier Herrera Cardozo. Bogotá, Colombia. IBERCIENCIA. Comunidad de Educadores para la Cultura Científica.

El autor: Docente e investigador. Docente de lectura y escritura de la Fundación Universitaria Sanitas, Bogotá. Licenciado en Educación Básica Primaria de la Universidad de Santo Tomás, Bogotá. Especialista en lecturas y escrituras de la Universidad de San Buenaventura, Bogotá. Magister en educación del Tecnológico de Monterrey, México. Integrante del equipo de investigación de Redless-ASCUN, Colombia.

La información que hoy tenemos sobre los avances de la ciencia no garantiza que estemos en capacidad de comprenderla y acceder a ella. Quién lo creyera, nos enteramos “de primera mano” de todos los descubrimientos científicos a nivel global ¿pero estamos en capacidad de saber qué teoría o proceso hay detrás de él? ¿nos motiva a indagar más al respecto? Son pocos los que se detendrían a revisar a profundidad las implicaciones de dichos descubrimientos y, así mismo, pocos tendrían los conocimientos para entenderlos.

Este vacío en la formación del conocimiento científico tiene una raíz, que infortunadamente viene desde la escuela, pero generado gracias a las políticas del sistema educativo que poco a poco han eliminado materias relacionadas con la ciencia, en donde se incluían temas como el método científico, el universo, la vida humana, las enfermedades, la medicina, la sostenibilidad y la vida en la aldea global, elementos fundamentales para tener una cultura científica básica (Tiana, 2014).

A partir del argumento anterior, se podría afirmar que la educación hoy nos está preparando para ser analfabetas en la ciencia. No es de extrañar que esto sea el resultado de los extremos absolutos que manejamos en la sociedad: antes se le daba prioridad a la ciencia,a la tecnología y se descuidaron las humanidades. El resultado, ciencia deshumanizada. Ahora, el énfasis son las humanidades y vivimos una humanización sin ciencia. De ahí que no se puede prescindir de ninguna, porque las dos forman una relación biunívoca.

Por otra parte, es claro que bajo el manto de la ciencia y las humanidades se han cometido errores y expresado mentiras. Dentro de ese grupo Cyril Burt y Margaret Mead hacen parte. El primero, famoso por sus  pruebas de inteligencia para la admisión de estudiantes en las escuelas de Inglaterra y descalificado por la falta de veracidad en los estudios sobre la inteligencia en gemelos separados al nacer. La segunda, antropóloga americana que influyó en la revolución sexual en los años sesenta con su obra Adolescencia y cultura en Samoa. Obra que fue un fraude, porque lo escrito eran las fantasías sexuales que ella quería escuchar de las nativas (Capanna, 2013).

Se preguntarán ¿qué tan importante es conocer de ciencia y qué implicaciones trae ignorarla? Al respecto Sagan (1995) afirma que:

Hemos preparado una civilización global en la que los elementos más cruciales-el transporte, las comunicaciones y todas las demás industrias; la agricultura, la medicina, la educación, el ocio, la protección del medio ambiente, e incluso la institución democrática clave de las elecciones- dependen profundamente de la ciencia y la tecnología. También hemos dispuesto las cosas de modo que nadie entienda la ciencia y la tecnología. Eso es una garantía de desastre. Podríamos seguir así una temporada pero, antes o después, esta mezcla de combustible de ignorancia y poder nos explotará en la cara (p.349)

No quisiera ser apocalíptico, pero en pleno siglo XXI ya la combinación de ignorancia y poder comenzó a explotarnos en la cara: calentamiento global, sequías, hambre, epidemias incontrolables, estrés por sobrecarga de trabajo, problemas mentales por falta de higiene mental, mala elección de gobernantes, amenazas de destrucción nuclear, violación de la privacidad y hasta una posible contaminación mundial por radiación, gracias al capricho de las potencias por apoderase del control de la energía atómica.

Con todo lo anterior, estamos labrando el camino hacia una nueva Edad Media porque si colapsan los sistemas de la sociedad habrá histeria colectiva, los valores se perderán y reemplazarán por el instinto de supervivencia de los que logren apoderarse de espacios de terreno, construir pequeñas fortalezas y mantenerlas mediante la alianza, los intereses y compromisos sin leyes. Y en últimas, quienes lograrán superar esta crisis “serán los habitantes de áreas subdesarrolladas, ya preparados para vivir en condiciones elementales de vida y competencia” (Eco, 2012, p.37).

Finalmente ¿Qué podemos hacer para evitar las consecuencias de caer en la oscuridad por ausencia del conocimiento científico?

Considero que la principal tarea la debemos realizar desde nuestro espacio académico y es ahogar la ignorancia con abundancia de conocimientos. No es fácil e inmediata, por ello, debemos generar espacios de discusión sobre temas de la ciencia no solo actuales, sino históricos. Rescatar el asombro, la duda y el hacer científico. También, como lo manifiesta Stewart (2000) que nuestros estudiantes comprendan lo que está sucediendo debajo de sus pies y no solo pregunten por qué, sino cómo se dan los fenómenos.

Todo lo anterior, bajo una propuesta pedagógica en donde se identifique el modelo mental que trae el estudiante, se tenga claro el modelo conceptual que necesita, se seleccionen las estrategias acordes al modelo conceptual, se seleccionen los medios de comunicación del conocimiento pertinentes, se desarrollaren actividades y se evalúe si hubo cambios o apropiación de conocimientos (Cubillos, 2012).

Referencias

Cubillos, A. (2012). Modelos mentales y modelos conceptuales en el trabajo pedagógico en ciencias naturales. Innovación y ciencia, 19 (2), 37-45.

Capanna, P. (2013). Mentiras vergonzosas. Centro de Altos Estudios Universitarios.  7MMG181. OEI. Disponible en  http://ibercienciaoei.org/contenedores/

Eco, U. (2012). La estrategia de la ilusión. México: Debolsillo.

Sagan, C. (1995). El mundo y sus demonios. España: Planeta.

Stewart, I. (2000). Juega Dios a los dados. Barcelona: Crítica.

Tiana, A. (2014). Desinterés por la cultura científica. Centro de Altos Estudios Universitarios. 7MMG196. OEI. Disponible en http://ibercienciaoei.org/contenedores/

Bogotá, 29 de julio de 2014

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